La muerte de una mascota
Por Nelson Encarnación
Siempre consideré que
llorar la muerte de una mascota era propio de gente light, casi siempre situada
en la mejor parte de la pirámide social a la que cualquier cursilería le queda
bien.
Y a veces llegué a
sospechar que detrás de esas expresiones de dolor se escondía algo así como una
forma de canalizar hacia el animal los afectos y sentimientos que negaban a los
humanos... Más...
Sin embargo, esa
percepción cambió radicalmente cuando hace unos días murió Twix, el perrito
Chihuahua hacia el cual estaba dirigida una parte muy apreciable del cariño en
mi casa.
La muerte de ese
perrito fue un golpe emocional muy fuerte para todos en la familia, ya que en
los casi cinco años que duró con nosotros fue encantador, extremadamente
cariñoso, indescriptiblemente pegajoso y zalamero.
Había oído de las
características especiales de los chihuahuas, pero como nunca tuve uno, creía
que se trataba de exageraciones, lo que varió cuando llegó Twix.
Por una de esas cosas
extrañas desarrolló diabetes y los cuidados veterinarios nunca le faltaron.
Uno de estos días
llegué a casa y lo encontré decaído, aparentemente con el nivel de glicemia
bajo. Le dimos algo dulce y se reanimó al extremo de que su veterinaria, a
quien lo llevé, consideró que estaba de buen ánimo.
Menos de una hora
después hizo un cuadro de convulsiones y de nuevo en la veterinaria se
descubriría que su nivel de azúcar había descendido a 38.
Dos horas después
recibíamos la mala noticia de que había muerto a causa de un coma diabético.
Esa noche nadie durmió en mi casa presa del llanto por la partida de un perrito
peculiar.
Y desde entonces el
vacío es inmenso. Ahora entiendo a quienes antes que nosotros lloraban la
muerte de sus mascotas.
nelsonencar@gmail.com
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