
Por José Francisco Arias
Es una fiebre. Y más que una fiebre, para muchos, ya es un vicio.
Lo aterrador de la situación es que no se vislumbra, por ahora, que esa fiebre vaya a disminuir su intensidad. Por lo que se puede apreciar, tiende a tornarse más intensa y a prolongarse en el tiempo.
Ahora es que va a haber tecnología de la comunicación móvil para rato.
La moda era, hasta hace poco, el iPhone. Ahora, con más fuerza, el BlackBerry, el BB o Bibi (debo admitir que no estoy actualizado con esos nombres)...
El caso es que hasta hace algún tiempo, un teléfono celular resolvía todo lo que se tenía que resolver en el trajín cotidiano. Con recibir y hacer llamadas, fuera de casa u oficina, era suficiente para sobrellevar el día a día.
Y, en todo ese proceso, pasamos por el beeper. Le dejaban un número, y en el tiempo que se considerara prudente, se respondía.
Pero las cosas se fueron complicando con la aparición del iPhone. El asunto implicaba e implica cosas que van mucho más allá de una llamada, de dejar un número teléfonico para que respondan... Se reporta data, música, se dejan mensajes, etc.
Llegó el BlackBerry y ahí es que la cosa se ha puesto dura. El Bibi lo tiene todo para comunicarse y recibir información de lo que sea y como sea. Si quieres hablar, hablas; si quieres texto, te lo envían o tú lo envías; si quieres fotos, ahí las tienes; si quieres videos, te llegan o puedes enviarlos; si quieres ver televisión, ahí la tienes... En fin, que si quisieras comunicarte con Dios o el mismísimo Diablo, el BlackBerry te pudiera facilitar el asunto si le agregan una o dos funci0nes más.
Ahora nos encontramos con mujeres y hombres cuyas vidas son un revoltillo de zozobra. Están en sus oficinas trabajando, atendiendo el teléfono, digitando en el ordenador, y atendiendo su Bibi. Entonces detienen todo el proceso laboral, y comienzan a digitar el Bibi... Le responden, y vuelven a digitar el Bibi... El trabajo que se vaya al carajo... ¡Tienen que responder por el Bibi...!
Si van caminando por la calle, lo mismo. ¡Hay que responder con el Bibi...! ¡Si están en algún espectáculo deportivo o artístico, hay que responder con el Bibi...! ¡Si hay una reunión de ejecutivos, hay que responder con el Bibi! En el baño, desde el inodoro, en la cocina, en la habitación..., desde donde sea hay que responder o enviar el mensaje; si no es así, fácilmente goteamos con un desmayo.
Si manejan un vehículo, no hay forma de evitarlo, hay que responder ahí mismito... Entonces sostienen el guía con los antebrazos y el Bibi con las manos y no se sabe cómo maniobran para digitar y responder a quien le está escribiendo desde el otro Bibi... El caso es que no se puede esperar llegar al destino que sea para, fuera del vehículo, responder. ¡No...! ¡Si hay que chocar se choca...! ¡¡Es ahora que hay que responder, coño...!! ¡Si hay que llevarse a alguien por delante con el automóvil, me lo llevo y despues averiguamos, pero eso hay que escribirlo ya...!
Y para alimentar más esa fiebre, para subirla más, han surgido las redes sociales como Facebook y Twitter, para sólo citar dos.
Hemos tratado de mantenernos al margen de la carrera tecnológica de la comunicación, porque creemos que el que la sigue fácilmente cae en la locura. Creemos que lo que necesitamos es el móvil para llamar y para que nos llamen, no más.
Y tenemos un amigo que, con sobrada razón, cuestionaba el hecho de que otros amigos comunes vivieran "ahogados" en el afán de recibir y enviar mensajes por el BlackBerry. Decía nuestro amigo que no entendía cómo donde quiera, inclusive en medio de los más solemnes encuentros, aparecen personas interrumpiendo las reuniones y apartándose de los grupos para conectarse con el Bibi.
En días pasados el mismo amigo nos pidió que le dejáramos los datos sobre un asunto en el Bibi. Le manifestamos que no disponíamos de esa teconología y que tampoco sabíamos cómo manejarla. "Un comunicador como tú no puedes andar sin un Bibi a estas alturas".
O sea, que el hombre ha sido contagiado y está decidido a contagiar a sus más cercanos amigos. Esta tecnología de la comunicación móvil es una locura irremediable, evidentemente.