(In memoriam a Tieta María)
Durante las primeras décadas del siglo pasado existía en Catalunya un personaje muy peculiar, se trata de la “tieta”, ésta era nada más ni nada menos que la hermana de tu mama.
Reunía unas condiciónes muy especiales, era más lista que su hermana, más culta, sabía de todo, no era fácil engañarla, y casi siempre acertaba en lo que iba a pasar.
Soltera evidentemente, no había encontrado hombre de cualidades suficientes para casarse con él, su hermana solo la superaba en belleza y en el físico, cualidades que ella no valoraba, para ella lo único válido era la mente.
Amaba mucho a sus sobrinos, jugaba con ellos, los entretenía y ellos lo pasaban muy bien. La hermana y su marido se aprovechaban de ello, ya que los podían dejar en buenas manos, de total confianza, y les permitía salir a la calle con sus amigos o al cine.
Los educaba a su manera, creía que su hermana era una pánfila, no servía para casi nada y de su cuñado no digamos, era un engreído sin fundamento.
La mía además me contaba cuentos, muy propio de la época, pasaba un buen rato, haciéndole repetir los que más me gustaban, había uno muy especial, el de la ratita blanca y de la ratita negra, la más mala era la ratita negra, siempre igual, un día le pregunté porqué, y no supo contestarme.
Se dedicaba también a dar consejos a su hermana de cómo debía tratar a su marido, y sobre la educación de sus sobrinos. Opinaba sobre todo, qué comer, qué hacer, todo, todo.
Al final siempre se creaban problemas, los sobrinos crecían, no le hacían caso, no la valoraban, soltera, fea, vieja.
Llegaba a enfrentarse a su cuñado, a solas, diciéndole que su mujer era demasiado blanda con él. Creo que en alguna ocasión pensaría que ella habría sabido sacarle más rendimiento a este hombre, estaba convencida de que su hermana no servía ni para la cama. Quizás podía haber cierto enamoramiento.
En algunas ocasiones no era la hermana de la madre, podía ser la hermana del padre, o cualquier otro pariente , el caso era muy diferente.
Josep María de Sagarra autor teatral de la época, reflejó en sus obras todas estas pequeñeces de la burguesía catalana, los catalanes tenemos pocas virtudes, pero sí sabemos reírnos de nosotros mismos, y estas sátiras literarias eran muy bien recibidas.
En esta época todo empresario que se preciara, debía tener su querida, formaba parte del rol social, llegando a presumir la familia de la buena presencia de ésta, si estaba mejor que las de otros empresarios amigos...
Joan Manuel Serrat le dedica una canción a la ”tieta “, en ella nos relata con gran precisión y con pocas palabras, lo que he intentado contarles:
La despertará el viento, de un golpe en los ventanales
Es tan amplia y larga la cama y están frías las sabanas
Con los ojos medios cerrados buscará otra mano….
Sin
La portera a su paso dibujará una sonrisa con el orgullo
de tener a alguien que le calienta la cama.






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