Por Orbis Beltré,
Miembro de la Asociación de Ateos Dominicanos
Desde las más prolongadas distancias del devenir histórico de la humanidad hasta nuestro presente, todas las civilizaciones han convenido creer en la existencia del BIEN y del MAL, pero, donde todas se han equivocado es en no reconocer que estas dos entidades son legítimas del ser humano.
Si el bien y el mal atañen al mundo terrenal, la posible explicación que pidieran darse a estas entidades estarían relacionadas intrínsecamente con el ser humano. Entonces, ¿a qué se debe que cuando hablamos del bien y del mal casi de manera instintiva nos remitimos a fuentes diferentes al hombre?
Esa es una cultura que hemos creado del material más sólido e indestructible que pueda haber en el universo: la IGNORANCIA. De otra forma no se explica que hayamos perdurado tanto tiempo sin reconocer la farsa que da origen a los dioses, demonios y la ¨ciencia¨ que los explica. Me refiero a la religión.
A la religión debemos el retraso que exhibimos en la práctica de la convivencia. Pues cuando no somos capaces de admitir los actos que cometemos sino que los atribuimos a la voluntad de Dios o a los designios del Diablo, nos estamos subestimando o inmunizando ante la reacción que pudiéramos causar tras una buena o mala acción.
Dicho diferente, si el bien emana de Dios, significa que todo lo bueno que acontece en el mundo es obra de Dios y no de nosotros. Lo mismo diríamos de todo lo malo, es obra del Diablo.
Si es así, ¿qué mérito tiene el hombre? y ¿qué juez que se respete se atrevería a condenarnos por algo ajeno a nuestra responsabilidad?
La cultura que hemos creado nos ha educado así a través de las tradiciones. Hemos recibido una educación perversa, en cuanto a que, el esfuerzo se concentra en hacernos creer que entre Dios el Diablo hay una disputa, que nosotros somos los disputados y que si no estamos con el uno estamos involuntariamente con el otro. O sea, en este litigio, los seres humanos, no somos más que simples objetos.
¿Acaso no deberíamos ser tan libres como para prescindir de estos dos contrarios (Dios y el Diablo), o sea, no estar a favor de ninguno y que ellos reconozcan y respeten nuestro derecho a la conciencia y a la propia determinación sin que ésto implique represalia de alguna de las partes en nuestro perjuicio?
Tal vez seria mucho pedir a alguien tan “malo” como el Diablo, estoy muy seguro de que él se resistiría a esto. Pero Dios, “bueno” como es, no tendría objeción. Sin embargo, este último es quien nos advierte que si no estamos con él estamos en su contra. ¿Cómo puede entonces explicarse el libre albedrío que pregonan los religiosos que su Dios nos da?
Un ateo escribe "Sobre el bien y el mal"
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